BOMBERAS VOLUNTARIAS Mujeres correntinas que asumen el riesgo y se enfrentan a las llamas

En la provincia, de mil efectivos la mitad son mujeres. Hacen un lugar en su vida y su familia para ayudar a los vecinos.

Para Lourdes es muy importante el apoyo de su familia, que en situaciones extremas como la que vivieron el miércoles pasado trabajaron desde las 13.30 hasta pasadas las 7 de la mañana en varios focos. Su fami­lia estuvo cocinando, aportando agua y todo lo necesario para que la tarea fuera más sim­ple. “Eso es impagable. El saber que ellos están más allá de todo, no tiene precio. En las buenas y en las malas siempre”, dijo orgullo­sa la bombera del cuar­tel de Santa Rosa.

El contenido de humedad es el más bajo desde 2010, la falta de agua está provocan­do serios problemas en todo el país. En Corrientes, más allá de la difícil situación que atraviesa el campo -agri­cultura y ganadería- la gran sequía hace que los focos de incendio se propaguen por toda la provincia. Una rea­lidad que comenzó después de las últimas lluvias del mes de marzo y se intensificó con las recientes heladas.

Los bomberos voluntarios de toda la provincia -45 do­taciones- son quienes hacen frente a esta realidad que, se­gún los datos aportados por el subdirector de Defensa Ci­vil, Bruno Lovinson, a NOR­TE de Corrientes, de los 70 focos que se produjeron en los últimos 15 días sólo uno de ellos fue accidental, el resto fueron provocados por el hombre.

En esta difícil tarea están involucrados más de 1.000 bomberos voluntarios en toda la provincia, el 50% de este plantel son mujeres. Ellas, cada vez que suena una sirena, toman su cas­co y su mameluco y corren al cuartel al igual que sus compañeros para sofocar los incendios provocados por la desidia humana. NORTE de Corrientes dialogó con una de las bomberas de Santa Rosa, uno de los lugares más complicados de los últimos días; Lourdes Servín.

Su pasión por la actividad viene de familia. Su abuelo e incluso su madre fueron par­te de los bomberos volunta­rios. Hoy, su tío es el jefe del cuartel de Santa Rosa. “Lo llevo en la sangre. Cada vez que suena la sirena o nos enteramos de un nuevo foco por el grupo de WhatsApp que tenemos, quiero salir co­rriendo a ayudar. No siempre se puede porque somos vo­luntarios y por ende, no vivi­mos de esta actividad; todos tenemos otros trabajos, pero siempre hay gente disponi­ble para combatir al fuego, incluso en este tiempo don­de hay tantos focos todos los días”, reconoció.

Cuatro años atrás Lourdes decidió sumarse al Cuartel de Bomberos Voluntarios de su ciudad natal. Con ella su­man nueve mujeres. Además están Evelyn Miño, Yaquelin Duarte, Carolina Lencinas, Liliana Olivera, las herma­nas Rocío y Gicela Ruíz Díaz, su prima Yamila Ruiz Díaz y Leila Lencinas. Todas tienen sus respectivas actividades pero también son capaces de pensar en el otro y actuar en consecuencia.

Ellas son sólo el ejem­plo del encomiable trabajo que más de 400 mujeres en toda la provincia realizan cada vez que se enciende la sirena de alerta. No se trata solamente de luchar contra el fuego; la decisión de ser bombera revela un grado de heroísmo poco frecuente, pero también visualiza un alma que necesita brindarse a otros. Comprende una vida y una historia de esfuerzos y de servicio que requiere hacer correr adrenalina por la sangre. Desde que suena la ensordecedora sirena en señal de que hay que subirse al camión, hasta la vuelta al cuartel, pueden pasar todo tipo de emociones.

Lourdes confiesa que ella no siente miedo, todo lo contrario, sabe a lo que se enfrenta. Quizás, explica, el hecho de ser soltera y no te­ner hijos ayuda a enfrentar el peligro sin mayores incon­venientes. No todas tienen la misma suerte. Una de sus compañeras es madre y otra está embarazada. “Con ellas la situación es diferente. Es­toy segura de que yo estoy mucho más liberada”, admi­tió.

Una de las normas que no se transgrede nunca es que cada vez que el deber llama sale con un compañero. Eso es lo que termina, muchas veces, salvándoles la vida. “Eso fue lo que me sucedió tiempo atrás cuando tra­bajábamos para sofocar un incendio en un aserradero que se había extendido a un campo aledaño y cuando menos me di cuenta empecé a sentir que tenía sed y de pronto me desvanecí. Es lo último que recuerdo porque cuando me desperté estaba en el hospital y me estaban poniendo suero y tenía el respirador. Por eso la impor­tancia de jamás ingresar so­los a combatir al fuego”, dijo. “Santa Rosa tiene más de 45 aserraderos y sólo 13 de ellos se mudaron al Parque Indus­trial. El resto están ubicados en cercanías de viviendas o galpones. Nuestro deber es impedir que el fuego llegue a las personas”, finalizó.

Fuente, DIARIO NORTE

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Updated: 24 agosto, 2020 — 2:27 pm