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Santa Rosa Corrientes

“Pingüino” González: “El fútbol fue mi vida, y la sigue siendo”

Continuando con las entrevistas realizadas a ex protagonistas del deporte santarroseño, el Coordinador Deportivo de la Municipalidad de Santa Rosa, Martín Raimundi, entrevistó esta semana al Sr.  Héctor “Pingüino” González; quien se destacó como futbolista, jugando en una posición en la que muy pocos se destacan, el arquero.

TERCERA ENTREVISTA

Nombre y apellido: Héctor González

Apodo: Pingüino

Fecha de Nacimiento: 15 marzo de 1954

Edad: 64 años

Posición: Arquero

TERCER ENTREVISTA

Son las 20:30 horas,  terminando mi jornada laboral en el polideportivo, realizo una llamada telefónica para coordinar el encuentro (que ya teníamos previsto) con mi próximo entrevistado, me dan el ok, y me dirijo hacia el popular B° Rincón Porá, donde en mis primeros años de residencia en Santa Rosa, tuve la dicha de vivir y donde se encuentra la casa de este gran deportista, el cual me recibe muy amablemente diciéndome, “toma asiento profe, ponete cómodo”.  Nos sentamos en la galería y arrancamos nuestra charla.

Martin Raimundi (MR): Bueno don Héctor, antes que nada muchísimas gracias por recibirme en su casa y más a esta hora.

Héctor González (HG) No tenes nada que agradecerme, es un gusto para mí que vengas a visitarme y más para hablar de futbol, vos pregúntame porque yo tengo miles de cosas para contarte

MR: ¡Buenísimo! Cuénteme, ¿Cómo fue que empezó a jugar al futbol?

HG: Mira, yo nací y me crie en el campo, y cuando entré a la escuela recién supe lo que era el futbol. Primero la pelota de media, después apareció  la de  esponja, después la de goma en colores y bueno me empezó a gustar, y jugaba, siempre de arquero, porque vos sabes que al malo hay que mandarlo al arco, entonces ese era mi lugar (relataba entre rizas)

A mis doce años, nos vinimos del campo a vivir a donde vive mi madre, en el barrio jardín. Yo me iba a la escuela por la costa de la laguna, a esa edad yo ya estaba enloquecido por el futbol, tenía el pecho hinchado de los chumbazos, pero a mí no me importaba nada, yo quería jugar.

Yo iba a la mañana a la escuela y mi madre era lavandera, cuando yo llegaba, ella dejaba de lavar y organizaba algo para la comida y yo tenía que cuidar de mi hermano, pero primero tenía que terminar mi tarea, después nosotros teníamos una chacra familiar, y mi mama me decía, termina tu tarea, después a hacé tres líneas de mandioca, y ahí sí, agarra tu hermano y podes ir a jugar a la pelota. Mi hermano tenía dos años por ahí, Reinaldo (Por Reinaldo González) lo subía a mi hombro y nos íbamos a la cancha. Lo dejaba jugando debajo de unos árboles de paraíso enormes que había, y yo entraba a jugar con los grandes. Un día, salgo a tapar una pelota, porque ya ahí ya era loco, y para ser arquero hay que tener personalidad y estar un poco loco. Resulta que salgo hasta el área grande, y el que venía de frente me mete un puntin en la costilla y caigo desmayado, cuando me despierto, lo encuentro a mi hermano llorando y después de ahí no me fui más a la cancha.

MR: ¿Y después de eso?

HG: Después tuve que irme a vivir al Chaco, a trabajar y terminar la escuela primaria.  Después me fui  Buenos Aires a trabajar, y no tenía tiempo para nada, menos para el futbol,  así fueron 20 años.

MR: ¿20 años sin jugar?

HG: Así es…. Pero un día, me vine a visitar a la familia, en esa época los colectivos no llegaban hasta acá como es ahora, y menos desde Buenos Aires, cuando te embarcabas ya tenías que tener tu pasaje de regreso y había que ir  hasta Saladas para subirte. Resulta que mi papá era albañil, y cuando llego,  lo encuentro trabajando solo en un campo en “La Marcelina” y me dio mucha nostalgia viéndolo solo a él, haciendo tanto esfuerzo y le dije ¿No tenes otro trabajo? Si me dijo, ¿Por qué mi hijo? Me pregunta…. ¿Por qué? Yo ya estoy cansado de vivir lejos, y capaz que me quedo no más….Y bueno me dijo, quédate, que algo siempre vamos a tener para comer y ahí me quede a trabajar con él.

MR: ¿Y el futbol?

HG: Y ahí arranque de vuelta, me junte con los muchachos, “El picado”, “La elegidita” como le decíamos antes. Embota, Chongo, el finado Agapito Ayala, eran mis compinches, nos íbamos a jugar a todos lados y a mí me llamaban siempre para atajar, porque no había arqueros, y a mí me gustaba jugar al arco…Tal es así, que una vuelta me buscaron para jugar con un equipo, donde ya había arquero y yo fui de suplente. Pero resulta que ese arquero, en realidad era delantero y no le gustaba jugar al arco, la cuestión es que termino el primer tiempo y perdíamos 3 a 0 y lo retaban de todos lados al arquero y cuando iba a empezar el segundo tiempo, me dice el que me llevo a mí:  ¿Te animas a entrar de arquero? Más vale le dije y entré. Para mi desgracia, en el primer córner para ellos me hacen un gol, pero por suerte, mis defensores me dijeron: ”Tranquilo, no fue tu culpa, ya está” Eso me dio mucha confianza, y ataje unos cuantos pelotazos y lo dimos vuelta al partido, ganamos 5 a 4, me acuerdo como si fuera ayer.

MR: ¿Además de Santa Rosa, jugo en algún otro lugar?

HG: ¡Si! Siempre me llamaban para atajar, de Concepción, de Tabay, de Tatacuá. Yo tenía un arma secreta que era la boca, al jugador bueno del equipo contrario, me gustaba hablarle para sacarlo de partido, porque yo sabía que era bueno y tenía que encontrar una forma de desconcentrarlo. Una vez fuimos a jugar un cuadrangular a un paraje, Carayá por ahí, armamos un equipo con los del barrio no más, que éramos “medio pelo”, no le llevamos a los del centro que eran los buenos.

Cuando llegamos estaba terminando casi el primer partido, y salió 7 a 0, en el equipo que gano había un numero 9 muy bueno. Nosotros jugamos nuestro cruce y ganamos 1 a 0. Yo sabía que en la final teníamos pocas chances, porque el otro equipo jugaba bien y más este jugador que te digo.

Entonces me acerco a él y le digo, “Che gente, si ustedes me hacen un gol  yo me mando a mudar” y me mira malo y me contesta en guaraní “Entonces che papacito, tenes que agarrar tus cosas y andate”; me sonreí y dije adentro mío: este es mi jugador. Lo enloquecí, le decía a mis defensores “déjenlo que no pasa nada” le relataba la jugada “Ahí viene el 9, gambetea a uno, a otro, le pegaaaa paloooo” la cosa es que yo me divertía y él estaba malísimo. Hasta que le tiran un pelotazo largo y queda mano a mano conmigo, salgo a tapar y el salta y me mete un codazo en la nariz, y caigo con la pelota en las manos y llevo mi cara otra vez contra el piso. Vinieron todos a ver que me paso, y él les dice a sus compañeros en guaraní no más hablaba “Fíjense a ver si ya murió, así en la próxima lo mato bien ya” (Relataba entre Risas)

MR: Si tuviera que describir el futbol, ¿Qué significa para usted?

HG: El futbol fue mi vida, y la sigue siendo, el futbol me dio amistades, me hizo conocer lugares que jamás hubiese ido si no era por jugar a la pelota, yo soy un agradecido de haber podido jugar al futbol y que si no fuese por una lesión que tuve en mi rodilla, no sé si no seguiría jugando.

EL SECRETO DE LOS BOTINES

Como en las entrevistas anteriores, de todas las emocionantes anécdotas contadas por los protagonistas de la historia deportiva de Santa Rosa, siempre hay una que me gusta destacar y esta vez, no podía ser la excepción.

HG: Yo jugaba siempre que me invitaban, en el momento aunque sea, como estaba, yo entraba a jugar, con mi ropa la que tenía en el momento;  incluso, yo nunca use botines para jugar. Cuando jugábamos al futbol de salón, yo llevaba una zapatilla viejita, gastada ya, y nadie entendía como hacía para frenarme en el alisado del piso del playón en aquella época, que era muy resbaloso. ¿Qué lo que haces vos? Me decían (se ríe), con una lija y una sierrita de mano, le gastaba la suela para que quede áspero, y no me caía jamás.

Es inevitable para mí ser reiterativo, cada vez que hago el cierre de mis entrevistas, pero es inevitable para mí, sentir las ganas de seguir escuchando las interminables historias de estos grandes deportistas Santarroseño que dejaron su huella para siempre.

Sera hasta el próximo viernes con mas, HISTORIAS DE DEPORTE SANTARROSEÑO.

Martin Raimundi

Actualizado: 8 octubre, 2018 — 9:41 am
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